Llanto de gloria

Llanto de gloria

Por: Pedro Cifuentes.

Diciembre es quizá el mes de más emociones y sentimientos que un colombiano común puede llegar a sentir, y dentro de ese mar de sentimientos no se escapa el fútbol. 

El 17 de diciembre de 2011 la historia del fútbol colombiano presenció una de las caídas más sensibles del balompié colombiano, un equipo grande y con tradición llamado América de Cali pierde la categoría y es sepultado a disputar la segunda división, el mismo equipo que compitió en cuatro ocasiones en la final de la libertadores, si, ese mismo conjunto ganador trece veces del rentado colombiano, el que alguna vez fue considerado el segundo mejor equipo del mundo, llevará de por vida el lastre de haber estado en la B.

Soda stereo decía “cae el sol y aún sigo soñando, sale el sol y no te puedo encontrar”, esta frase hace experimentar el sentir de un hincha americano, la vida puede cambiar de rumbo: mudarse de casa, cambiar de religión, de partido político, hasta de oficio o profesión, pero jamás se dejará de palpitar y soñar por el equipo amado. América de Cali ‘La Mechita’,  el cuadro escarlata, la pasión de un pueblo, incluso apodado «Lotería de Cundinamarca» por jugar los lunes, sufrió durante cinco años para poder volver al lugar soñado, durante ese tiempo sus hinchas padecieron un calvario de nunca acabar, el sol se escondía y las ilusiones se desvanecían año tras año.

Sin embargo, de las entrañas de tiendas de barrio surgía un hombre hecho ilusión que algunos lo miraban con esperanza y otros con incertidumbre: Don Tulio Gómez, un comerciante con mucho corazón e inocencia asumía la batuta de la mechita, enlodada y manchada por la mala gestión de dirigentes avaros que ensuciaron la historia del equipo del pueblo.

Fueron años de equivocación, pero gracias a don Tulio y después de cinco años, un domingo 27 de noviembre del 2016 y con la presencia de sus ídolos y miles de almas palpitando se logró regresar a ese lugar tristemente perdido anteriormente, quien comandó esta alegría fue curiosamente un tolimense llamado Hernán Torres, conocido en su barrio de infancia como “concha de mugre” ese día salió el sol y  las lágrimas de tristeza cambiaron por llantos de alegría.

Pero el reto no era volver, el reto era recomponer el tiempo perdido y volver a la senda victoriosa, ganar títulos, volver a copa libertadores, sin embargo ese anhelo parecía estar cada vez más lejano a pesar de haber recuperado la categoría, se perdía con los equipos de tradición, parecía estar aún  en el abismo de la B, las contrataciones no fueron las mejores, la sombra de empresarios dispuestos a desangrar el equipo, hizo que el sol se volviera a esconder.

Lo que si se debe reconocer, es que Don Tulio a pesar de tantos desaciertos, escuchó y entendió que para ser grande, se debe contar con jugadores de buen pie y que sientan la pasión  de lo que es jugar en el América de Cali que despierta sentimientos profundos no sólo en el Valle de Cauca sino en muchos lugares de Colombia entera.

Después de once años del último título del equipo escarlata, logrado en el 2008, la hinchada por fin volvió a sentir la ilusión de seguir a un equipo competitivo, la llegada de Duván Vergara, Matías Pisano, Michael Rangel, Rafael carrascal, entre otros, daba la impresión de poder volver a disputar instancias definitivas, y siendo sinceros, la llegada de Alexander Guimaraes fue puesta en duda, el periodismo en Cali era escéptico con el estratega brasileño y tras una serie de partidos lo tildaban de miedoso por no salir a jugar el fútbol que al hincha americano lo hace ir al estadio. Todos lo querían sacar y aun así

Don Tulio lo sostuvo.

Los escarlatas  clasificaron a los ocho como cabeza de grupo, el corazón se llenaba de emoción y ese sentimiento es claramente recibido por los jugadores, que dejan una estadística importante, pues como locales ganaron todos los partidos en la fase final. La moral se ponía arriba y volver a disputar una final después de once años desbordaba de ilusión a la hinchada americana; un partido de 180 minutos jugado con autoridad, firmeza y sobre todo dejando el alma en el campo de juego. Así fue como jugo ‘La Mechita, que no se bajó la cabeza ni aceptó provocaciones de algunos jugadores de un rival grande también como lo es ‘El Tiburón, tampoco sucumbió ante la tenacidad de Viera, el portero juniorista, ni al periodismo costeño que visualizaba como tricampeón al cuadro barranquillero.

América con humildad y respeto, después de dos golazos del ‘rompe corazones’ Michael Rangel y el rendidor Carlos Sierra, volvía a gritar «SOMOS CAMPEONES».

¿Que si el hincha americano lloró?  SÍ… Lloró de alegría,  de emoción,  de orgullo por qué ‘La Mechita,  ‘El equipo del Pueblo’ llegaba a la anhelada y sufrida estrella 14. Es como si hubiesen ganado por primera vez un título.

«…Y como era noche de velitas, encendieron 15 velitas, porque la 14 llegó y la 15 es volver a ver el sol en el 2020…». Con ese sentir de muchos hinchas, finaliza esta crónica escarlata.

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