SIN AIRE Y SIN PLAN B

SIN AIRE Y SIN PLAN B

Por: @jhonnylozano

Agua hubo bastante. Los nubarrones de la Martinica castigaron la cancha del Murillo Toro y los aficionados llegaron con paraguas improvisados, buscando café en la tribuna para pasar el frío. Poco importó la lluvia, su intención de tener protagonismo se diluyó con la salida del equipo a la cancha. Celosas, las gotas se alejaron del gramado y dejaron que Tolima y Cúcuta se llevaran la atención.

Tolima impetuoso se instaló temprano en el área de Chaverra. El ídolo, Danovis Banguero por poco hace el gol de la fecha, pero el travesaño tenía otros planes. El loco Valdés, novedad en la línea de ataque, se tomó su apodo en serio y con un disparatado andar, solo apeló a simular faltas en el área que no fueron compradas por el árbitro Sánchez. Plata, que siempre va una marcha más rápido que la jugada, tuvo la apertura del marcador cerca, pero sus remates fracasaron en el pórtico cucuteño.

El ritmo impuesto en los primeros minutos empezó a notarse en las piernas de los locales. Campaz anduvo corto de ideas. La juventud de Jamínton le impide leer el partido para saber dónde debe imponer su talento. Ya habrá tiempo para aprender. La dupla Vásquez – Robles es ideal cuando se juega a la contra, pero cuando la responsabilidad de creación recae sobre el Tolima, Larry y Carlos se notan incómodos. Banguero y Castrillón quisieron ser alternativas para ampliar la cancha, pero sus trepadas terminaban en centros predecibles o balones en la tribuna.

El revés ante el Cúcuta puede explicarse en la falta de aire y de plan B. Perder un partido de cuatro en los cuadrangulares no es una desgracia. Al contrario, es un andar prometedor cuando quedan 6 puntos en disputa. El asunto es que el diagnóstico estaba claro antes del partido: había que hacer algo distinto. Cúcuta era el primer equipo de las semifinales que nos iba a dar la pelota y a castigar con la incertidumbre de la iniciativa. Sin embargo, el profe Gamero, enamorado de su esquema y sus titulares, no ofreció el menú que el comensal necesitaba, el plan B nunca apareció. El 4 – 3 – 3 de siempre amplía la cancha, pero los espacios que se generan requieren volantes con llegada, media distancia y gol; ni Larry, ni Robles llenan esos formularios; o, como alternativa, este esquema necesita a una fiera del área que sea goleador insaciable, Ramos y Valdés están bastante lejos de brindar esa solución. En consecuencia, el ataque se reduce a los duelos que intentan Plata o Castro por sus bandas, con el estéril apoyo que ofrecen Banguero y Castrillón a sus extremos.

La segunda explicación de la derrota se fundamenta en la falta de aire del equipo. Por varios pasajes del partido se jugó como el Cúcuta quiso. Pasada la ofensiva desatada de los primeros minutos, los de la frontera reclamaron la posesión, descansaron con la pelota e hicieron correr a un equipo que luce excesivamente cansado. El desgaste es, indudablemente, la preocupación más prominente. Todavía restan dos finales y los rivales tienen planteles  exuberantes, con muchas más alternativas que los 13 jugadores que el profe Gamero siempre usa (11 titulares y los predecibles cambios de Nieto por Campaz y Albornoz por Plata)

Extrañamos mucho a Quiñones. Checho Mosquera se aleja cada vez más de aquella versión modelo 2016 que tanto cautivó. Una diagonal de Carmelo Valencia distrajo a Mosquera y Agudelo entró con comodidad absoluta. Definición suave para poner el 1-0 cuando el partido estaba prácticamente consumado. Cuesta no pudo salvarnos esta vez y el invicto de los cuadrangulares, igual que la punta se los llevó la lluvia y un Cúcuta que se volvió a instalar en una pelea en la que seguramente tendrá pocas chances.

El resultado en Barranquilla dejó a Junior con ventaja en puntos, en ánimo y aire. En la próxima fecha, contra Nacional en Medellín, Tolima volverá a vestirse con el traje de contragolpeador, el vestuario que mejor le sienta. Habrá que esperar cómo reaccionan el aire y las piernas de los muchachos. Nunca se puede descartar al Gamero de los milagros, pero 180 minutos más antes de la final parece una carrera muy larga para ese atleta vinotinto y oro que empieza a ver borrosa la cinta de la meta.

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