EL FÚTBOL SEGÚN MI TÍA ORFILIA

EL FÚTBOL SEGÚN MI TÍA ORFILIA

Escrito por: Jhonny Lozano.

Mi tía Orfilia es una señora preciosa que mira la vida con valentía y sapiencia. Ella cumple conmigo y varios primos funciones de madrina y ha sido un ejemplo de coraje y tenacidad para toda la familia. Eso sí, de fútbol, mi tía sabe muy poco. Sabe lo que cualquier otra tía conoce. Pero aun así, en medio de su escasa prestancia conceptual para hablar de la pelota, la tía Orfilia, como cualquier tía, sabe que en este deporte hay dos roles fundamentales para conseguir resultados “el que hace los goles y el que los tapa”. Anoche, en un Murillo Toro festivo, colorido e ilusionado, el equipo del monumental profe Gamero se quedó afuera del cuadrangular, por errores individuales en el arco y el ataque, ante un pálido Junior de Barranquilla.

Tolima fue fogosidad plena en los primeros minutos. La estrategia estaba clara: buscar un gol en la aurora del partido para obligar a Junior a salir y encontrar espacios para las corridas de Plata y Castro. La realidad le hizo un guiño a la fantasía de Gamero. Moya, de gran torneo, se impuso sobre su marca y rompió a Viera con un cabezazo plagado de concepto, duro, al piso para que la pelota rebotara y Sebastián se sintiera impotente. 1- 0, escenario ideal para jugar a la contra. El gol fue tan temprano en el partido que se presagiaba en la tribuna un trabajo de parto de 82 minutos.

Pasaron solamente cinco, a los trece del primer tiempo, Mera mete un cabezazo largo, llovido, alto, interminable, que de manera sorpresiva superó los 1,95 y los brazos estirados de Cuesta. William se vio muy mal en el gol. Ubicación y lectura de la jugada fueron los conceptos ignorados por el arquero en la jugada. 1 – 1 a apretar los dientes. Alex Castro, el mejor extremo del torneo, se disfrazó de Maradona. Gambeta, enganche y picardía en velocidad para que la torpeza de los defensores del Junior configurara un penal evidente. Danovis Banguero, más ídolo que siempre, cobró con jerarquía y Viera no apareció ni en la foto.

Con el inicio del segundo tiempo, Junior afiló sus dagas para el ataque. A la cancha el siempre criterioso y lúcido Víctor Cantillo. El trámite era tenso, pero los de Barranquilla no inquietaban. Robles y Larry se batieron en el medio y daba la sensación de que estaba más cerca un contragolpe letal del Tolima, que el empate tiburón. La expulsión de Fuentes hizo pensar que la final no se escapaba. La idea de jugar de contragolpe con más espacio era la situación perfecta para liquidar al bicampeón y empezar a debatir si era más conveniente América, Cali o Santafé en la final.

Nada de eso, el partido le tenía preparado a los de Ibagué tres cachetazos psicológicos que dejarían a cualquiera en el diván de un psiquiatra. Corrida de Castro por izquierda, centro rasante perfecto para que el 9, ese al que la tía Orfilia le pediría que la meta, la estrellara de manera inexplicable en el poste derecho de Viera ¿Mala suerte? Sin duda, pero el torneo y particularmente la fase final de Ramos fue desastroso en su rendimiento. En una liga en la que tipos como Dineno, Rangel, Duque, Cano y Teo departen en el Olimpo de los goles, Jorgito los mira desde afuera con la tristeza de alguien que sabe que su ropita no le da para entrar a la fiesta.

El segundo golpe que olía a knockout vino con la lesión de Robles. Carlos es un tipo difícil de sustituir. Lucha, se impone en el mano a mano y distribuye juego con acierto. Manzano, su reemplazante, estuvo lejos de dar la talla. La tercera cachetada vino con un monólogo exquisito de Cariaco González (para ponerle algo de vinagre a la herida). Gambeta y pase profundo a la espalda de los centrales. Cetré tiró la diagonal y pateó al arco como por cumplir el trámite de terminar la jugada. Le salió un tiro predecible al primer palo que tuvo una respuesta flojísima de un Cuesta que confirmó el peor temor que teníamos al entrar a a la fase final: no queríamos extrañar a Montero. Gol de arquero, sí, hasta mi tía Orfilia lo sabe.

Cuesta tiene muchas condiciones para seguir progresando. La carrera de los arqueros es larga y con seguridad le veremos mejores actuaciones. Ramos, por el contrario, preocupa bastante. No hace goles, no tira diagonales, se asocia poco con los llegadores y no se impone físicamente en los duelos. Es una especie de Marquito Pérez sin suerte y sin gracia -porque Marco aparte de goleador es un excelente comediante-. Cero reproches a su majestad Alberto Miguel Gamero. Sin su batuta, los cuadrangulares serían una ilusión, estaríamos tan eliminados como Patriotas, Bucaramanga o Millonarios, seríamos una vergüenza. Si el profe se va, algo muy probable, habrá que agradecerle hasta el cansancio, reiterarle que esta es su casa y recordarle que el lugar que tiene en nuestros corazones es inmenso. 

Ñapa: Exsenador, recuerde que el equipo estaría ya en la Libertadores, si no se hubiera hecho esa malintencionada inscripción de Carrascal contra Rionegro. Ah, otra cosa. Álex Castro vale mucho más de lo que le están pidiendo. Sí, hasta mi tía Orfilia compraría a ese descomunal extremo.

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