La Albiceleste nunca se rinde

Cuando Inglaterra acariciaba la final, Argentina respondió con una remontada épica en Atlanta para citarse con España en la definición del Mundial 2026.

Hay partidos que duran noventa minutos y otros que permanecen vivos durante generaciones. Argentina e Inglaterra no disputaron únicamente una semifinal del Mundial en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Volvieron a encontrarse dos selecciones marcadas por una rivalidad que trasciende el fútbol, alimentada por México 1986, Francia 1998 y por el inevitable recuerdo de las Islas Malvinas. Cuando el árbitro decretó el final, el marcador señalaba un 2-1 para la Albiceleste, pero lo que realmente quedó escrito fue un nuevo capítulo en una de las historias más intensas que ha vivido el fútbol mundial.

Desde varias horas antes del pitazo inicial, Atlanta dejó de ser una ciudad estadounidense para convertirse en un pedazo de Argentina. Miles de camisetas celestes y blancas tomaron las calles cercanas al estadio, mientras los cánticos argentinos envolvían el ambiente. Del otro lado, la hinchada inglesa respondía con la confianza de quien soñaba con volver a una final mundialista. El escenario estaba listo para otra batalla inolvidable.

El encuentro comenzó con la tensión propia de una final anticipada. Argentina buscó imponer condiciones desde la posesión, con Enzo Fernández y Alexis Mac Allister manejando el mediocampo, mientras Lionel Messi retrocedía algunos metros para convertirse en el arquitecto de cada ataque. Inglaterra, fiel al plan de Thomas Tuchel, aguardaba paciente para salir a toda velocidad con Jude Bellingham como eje de sus transiciones.

Durante buena parte del primer tiempo la Albiceleste controló el balón, aunque sin encontrar la profundidad suficiente para romper el orden defensivo inglés. Inglaterra resistía y amenazaba cada vez que aceleraba el juego. El equilibrio parecía absoluto hasta que el inicio del segundo tiempo cambió el rumbo del partido.

En el minuto 55 llegó el golpe inglés. Una acción iniciada por Jude Bellingham terminó con un centro de Morgan Rogers que encontró a Anthony Gordon por el segundo palo. El delantero definió con precisión para vencer a Emiliano Martínez y silenciar por unos segundos a la multitud argentina. Inglaterra se veía nuevamente muy cerca de una final del mundo.

Pero si algo ha demostrado la selección de Lionel Scaloni es que nunca deja de creer. Con el paso de los minutos, Messi asumió definitivamente el control del partido. Cada ataque nacía de su zurda, cada pase aumentaba la sensación de peligro y el equipo comenzó a empujar a Inglaterra cada vez más cerca de su propia área.

Jordan Pickford sostuvo durante varios minutos la ventaja inglesa con intervenciones decisivas. Primero desvió un cabezazo de Nicolás González y luego observó cómo el poste evitaba el empate tras un remate de Alexis Mac Allister. Inglaterra resistía con todo, mientras Argentina insistía convencida de que todavía quedaba una oportunidad para cambiar su destino.

Esa oportunidad apareció al minuto 85. Enzo Fernández encontró un espacio fuera del área y sacó un derechazo imposible para Pickford. El empate desató una explosión de júbilo en las tribunas argentinas y cambió por completo el estado anímico del encuentro. Inglaterra sintió el golpe. Argentina entendió que la semifinal estaba a su alcance.

Cuando el partido parecía encaminarse hacia la prórroga, apareció el momento reservado para los elegidos. En el tiempo de adición, Messi dibujó una asistencia magistral con la pierna derecha y encontró a Lautaro Martínez, que atacó el espacio con determinación para conectar de cabeza y marcar el 2-1 definitivo. Fue el gol que hizo estallar el Mercedes-Benz Stadium y que volvió a convertir a Inglaterra en víctima de la historia argentina en los Mundiales.

La celebración se extendió mucho después del pitazo final. Los jugadores abrazaron a Messi mientras las tribunas entonaban canciones que mezclaban orgullo, memoria y esperanza. Argentina volvió a derribar a Inglaterra en una Copa del Mundo, volvió a demostrar que jamás se rinde cuando parece vencida y ahora tendrá una nueva cita con la historia. El próximo domingo, frente a España, buscará defender la corona y conquistar su cuarta estrella mundial. Porque este equipo, una vez más, confirmó que cuando todo parece perdido, siempre encuentra la forma de volver.