La leyenda Ronaldo cumple 50
De los barrios humildes de Río de Janeiro a la cima del fútbol mundial, Ronaldo Nazário construyó una carrera marcada por goles imposibles, lesiones devastadoras, regresos inolvidables y una capacidad extraordinaria para volver a empezar.

Hay futbolistas que se recuerdan por sus títulos. Otros, por sus goles. Y están aquellos que terminan convirtiéndose en algo mucho más grande que sus estadísticas. Ronaldo Luís Nazário de Lima pertenece a ese último grupo. Aquel delantero que parecía correr más rápido que todos los demás cumple 50 años y, con el paso del tiempo, su historia se parece cada vez más a una película.
Sus primeros pasos
Ronaldo nació en Río de Janeiro, en una familia humilde, y encontró en el fútbol una posibilidad para cambiar su historia. Sus primeros pasos importantes los dio en Cruzeiro, donde comenzó a mostrar que había algo diferente en aquel adolescente. Con apenas 17 años dio el salto a Europa para jugar en el PSV Eindhoven y allí confirmó que su talento no tenía fronteras. El Real Madrid recuerda que en sus dos temporadas en Países Bajos marcó 52 goles en 56 partidos.
Después llegó Barcelona. Y allí, durante una sola temporada, apareció una versión de Ronaldo que todavía permanece en la memoria de quienes lo vieron. En la campaña 1996/97 marcó 47 goles en 49 partidos, ganó la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Recopa de Europa. Tenía apenas 20 años, pero ya había sido elegido FIFA World Player y poco después recibiría su primer Balón de Oro.
Era difícil imaginar que aquel futbolista pudiera detenerse. Su potencia, su velocidad y su capacidad para definir parecían suficientes para superar cualquier obstáculo. Pero el fútbol también le mostraría su lado más cruel.
Las lesiones que cambiaron todo
En el Inter de Milán comenzaron algunos de los capítulos más dolorosos de su carrera. Las lesiones de rodilla fueron apareciendo hasta convertirse en una amenaza constante. Ronaldo pasó de ser uno de los jugadores más imponentes del planeta a vivir largos periodos de recuperación, con la incertidumbre de no saber si podría volver a ser el mismo.
Hubo momentos en los que regresar a una cancha parecía casi una hazaña. Su cuerpo le estaba poniendo límites a un futbolista acostumbrado a romperlos. Sin embargo, cada recuperación terminó convirtiéndose en una nueva oportunidad. Y fue precisamente después de una de las etapas más difíciles cuando construyó una de las páginas más grandes de su historia.
Los títulos que lo hicieron eterno
Corea y Japón 2002 fue el escenario de su gran resurrección. Ronaldo llegó al Mundial después de años marcados por las lesiones y salió convertido nuevamente en protagonista. Marcó ocho goles, terminó como máximo goleador del torneo y llevó a Brasil hasta el título.
La final ante Alemania quedó grabada para siempre. Ronaldo marcó los dos goles del 2-0 y levantó su segunda Copa del Mundo. FIFA registra que terminó su trayectoria mundialista con 15 goles en cuatro ediciones, convirtiéndose en el máximo goleador de Brasil en la historia del torneo.
Aquel Mundial también abrió las puertas del Real Madrid. En el Santiago Bernabéu continuó marcando diferencias y ganó dos Ligas, una Supercopa de España y una Copa Intercontinental. En sus cinco temporadas como madridista disputó 177 partidos oficiales y marcó 104 goles. Además, en 2002 recibió su segundo Balón de Oro.
Brasil, mientras tanto, se convirtió en el escenario de otra parte de su legado. Con la selección ganó dos Mundiales y también conquistó la Copa América y la Copa Confederaciones. Sus goles y sus títulos terminaron de convertirlo en uno de los grandes ídolos de la historia del fútbol brasileño.
Un nuevo Ronaldo
El 14 de febrero de 2011 llegó el momento que durante tantos años había parecido imposible: Ronaldo anunció su retiro. Milan y Corinthians fueron sus últimos clubes. El futbolista que durante años había vivido para entrenar, competir y marcar goles tuvo que comenzar a construir una vida completamente diferente.
Pero retirarse no significó alejarse del fútbol. Ronaldo encontró una nueva manera de vivirlo. Se convirtió en empresario, dirigente e inversor y también tomó el camino de la gestión de clubes. Fue propietario y presidente del Real Valladolid, además de adquirir el Cruzeiro, el club donde había comenzado su carrera profesional.
Hoy, cinco décadas después de aquel nacimiento en Brasil, Ronaldo mira el fútbol desde otro lugar. Ya no está dentro del área esperando el pase ni enfrentando defensas. Está detrás de proyectos, negocios y decisiones relacionadas con un deporte que continúa formando parte de su vida.
Y quizá ahí está la parte más especial de su historia. Ronaldo no fue solamente el delantero de las carreras imposibles, de los goles al ángulo y de las celebraciones con Brasil. También fue el futbolista que tuvo que levantarse cuando parecía que su carrera se había terminado.
A los 50 años, el niño de los barrios de Río ya es una leyenda mundial. Su historia tiene goles, títulos, lesiones, lágrimas, regresos y una segunda vida después del fútbol. Pero, sobre todo, tiene algo que no aparece en ningún palmarés: la memoria de millones de aficionados que alguna vez vieron jugar a Ronaldo y sintieron que estaban frente a algo diferente.