El bostezo del invicto

El bostezo del invicto

Por @jhonnylozano

El General Santander estaba vestido de desilusión antes del partido. Si algo se le puede envidiar al Cúcuta es el acompañamiento masivo e incondicional de su hinchada. Sin embargo, esta vez el estadio parecía un Manuel Murillo Toro cualquiera. Razones para no ir sobraban: El equipo de Sanguinetti es el punto más flojo de las semifinales, el único de los ocho que no ha ganado, el que más goles ha recibido, el que menos tantos ha hecho y su nómina está lejos de responder al alto nivel que imponen Junior, Nacional y la gestión de su majestad Gamero con Tolima.

Un marco opaco, sepia, aburrido armonizó perfecto con un partido que fue un despropósito visual. El Cúcuta intentó con la carencia de sus recursos, como se esperaba, no pudo vulnerar a la defensa de un Tolima que estuvo impecable en sus centrales y un tanto distraído en sus laterales. Robles y Vásquez no tuvieron problemas para anular los avances que proponían Chica o Matías Pérez. Eso sí, cuando tuvo que elaborar, la primera línea pijao fue predecible en exceso. Larry, a esta altura, ya es más cansancio que persona y su merma le resta alternativas de creación al equipo. Cúcuta apeló a la fortaleza del inoxidable Carmelo, que con conceptos y sapiencia llevó las jugadas más peligrosas al área de Cuesta.

El juego no dio para mucho. El espectador neutral encontró en este partido el somnífero ideal para irse temprano a la cama. Aun así, a los que superamos el bostezo, nos quedan algunas conclusiones que preocupan, la más grave de todas: el cansancio. El equipo empieza a quedarse sin esa explosión en los metros de peligro, se ve corta la inspiración de los sensibles Campaz y Castro, son aún más evidentes las decisiones erradas de Plata y lo manso que resulta Ramos para la defensa contraria ya preocupa.

Un 0-0 con el Cúcuta es muy poco para haber acumulado kilómetros en las piernas de jugadores que merecen descanso. Es fácil hablar con el resultado consumado, pero el profe Gamero pudo haber gestionado mejor el aire del plantel. La memoria táctica del equipo le podría haber permitido un resultado similar con Nieto, Balanta, Albornoz, Valdés o Centeno en cancha mientras algunos jugadores claves recuperaban oxígeno precioso, que resulta invaluable a esta altura del torneo.

En el archivo de las cosas buenas, podemos apuntar la excelente actuación de Cuesta. William, que venía padeciendo de ataques pasajeros de inseguridad, achicó el arco, impuso sus reflejos y cerró la primera ronda del cuadrangular como el mejor arquero de las semifinales. La valla menos vencida de los dos grupos tiene la firma del golero antioqueño. De igual forma, José David Moya sigue exhibiendo un nivel descomunal. Impasable en el mano a mano, impenetrable en el juego aéreo, inteligente, tiempista, siempre bien ubicado y de ñapa, sale siempre con la cabecita levantada y con prolijidad ejemplar. Quiñones volvió a tener un buen partido, pero su lesión instaló la preocupación en cuerpo médico e hinchas por igual.

El famélico 0-0 en la frontera deja réditos en la tabla. El equipo sigue primero e invicto en las semis. Para el miércoles, el alquimista del barrio Bastidas tendrá que elaborar algún coctel futbolístico que muestre a un Tolima más fresco, con más creatividad e imaginación. El Cúcuta va a atravesar el bus y a buscar el contragolpe, van a jugar a la nuestra. Necesitaremos, entonces, alguna alternativa que nos permita mantener esa saludable distancia que llevamos hasta ahora sobre Junior y Nacional, que ayer, en el mejor partido del semestre, se mataron a punta de buen fútbol y goles en el Atanasio.

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